La inflamación aguda es vital: es la respuesta del cuerpo a lesiones o infecciones. El peligro surge cuando esta reacción se vuelve crónica. La inflamación silenciosa a menudo arde sin ser notada en los tejidos durante años y hoy se considera un precursor común de muchas enfermedades modernas.
Los desencadenantes son variados: una dieta rica en azúcar, el estrés, las toxinas ambientales y la falta de ejercicio avivan el fuego inmunológico. El cuerpo se encuentra en un estado permanente de alerta.
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El hidrógeno molecular es el antioxidante más pequeño del mundo y el único que puede atravesar la barrera hematoencefálica para combatir la inflamación directamente en el cerebro.
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Consulta al AsistenteApagando el fuego desde dentro
La estrategia contra la inflamación crónica debe ser integral. Una dieta antiinflamatoria (rica en Omega-3, cúrcuma, bayas) forma la base. Sin embargo, a veces la comida por sí sola no es suficiente.
El agua hidrogenada modula las vías de señalización del sistema inmunitario y reduce la producción de citocinas proinflamatorias. No actúa simplemente suprimiendo como los medicamentos, sino que devuelve el sistema al equilibrio.
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