Nos encanta descubrir el mundo. Pero también amamos el mundo mismo. ¿Tiene que ser esto una contradicción? No. Viajar de manera sostenible no significa renunciar, sino ser consciente. Se trata de calidad en lugar de cantidad.
Un avión te transporta de A a B. Subes en Frankfurt y bajas en Bangkok, sin saber lo que hay entre medio.
Un viaje en tren te permite *sentir* la distancia. Ves cómo cambia la arquitectura, el paisaje y la gente. Eso es Slow Travel. La llegada comienza incluso antes de partir.
Un vuelo nacional causa hasta 10 veces más CO2 que la misma distancia en tren.
Come donde comen los locales. Compra en mercados. Deja tu dinero en la región, no en cadenas internacionales.
Una botella de agua propia y una bolsa de yute ahorran un promedio de 40 artículos de plástico en un viaje de 2 semanas.
"Todo incluido" es a menudo una jaula de oro. Quien se atreve a quedarse en pequeñas pensiones o casas de huéspedes, experimenta la cultura de cerca. No eres un turista que consume, sino un huésped que participa.
Las verduras saben mejor cuando has estrechado la mano del agricultor. El souvenir tiene más valor, cuando has visto al artesano trabajar.
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